¡Había una vez un robot llamado Otto! Era pequeño, chistoso y hecho de piezas mágicas impresas en 3D. Otto podía caminar, bailar ¡y hasta esquivar los trompos que giraban por el patio! Pero lo mejor era que tú podías enseñarle trucos usando bloques de colores. ¡Con ellos le hacías bailar la Macarena, contar chistes o cantar el himno de la escuela Eben-Ezer!

Otto era la mascota de la escuela. Todos los niños lo adoraban y se reían a carcajadas con sus travesuras. Otto era un amigo que nunca se aburría y te podía enseñar un montón de cosas sobre robots, cables y chips. Incluso, los profesores lo usaban en las clases para explicar matemáticas, ciencias e incluso ¡arte!

Un día, Otto y los niños de la escuela organizaron una gran feria de ciencias. Otto tenía su propio stand donde enseñaba a los visitantes cómo programarlo. ¡Fue un éxito total! Todos se quedaron fascinados con la inteligencia y la simpatía de Otto.

Otto era un robot único, un amigo que siempre estaba dispuesto a jugar, aprender y compartir. Con él, los niños del Eben-Ezer podían descubrir la magia de la tecnología y vivir aventuras increíbles.

¿Y tú? ¿Te gustaría tener un amigo como Otto?

Otto diy ayudando a medir temperatura durante la crisis COVID